Mientras no muy lejos se celebraba uno de los premios de la Lotería, en Brea, Guísamo, todos se miraban perplejos. Entre ellos y a los restos de un accidente del que, más allá de los daños materiales, nadie sabe nada. Como si de un capítulo de CSI se tratara, los vecinos solo pueden hacer conjeturas viendo los rascazos en la pared y el estado en el que quedaron las mesas y sillas de la terraza hostelera que nuestro particular ‘conductor fantasma’ se llevó por delante. Porque más allá de no haberlo visto, ni siquiera nadie oyó nada. Pudiera ser que el vehículo en cuestión fuese una de esas unidades eléctricas tan novedosas que no emiten ni un solo ruido. Pero, aun siendo ese el caso, por mucha ausencia de motor de combustión interna, por el hecho de subirse a una acera, llevarse toda una terraza por delante, pegarle a la pared y volver a bajar de la acera, algo de ruido haría nuestro ‘conductor fantasma’. Pues no. Así que solo quedan las conjeturas: que si una persecución, que si estaba perdido... Lo que es seguro, es que parece que los fantasmas son muy silenciosos.
