Eran un elemento turístico más, los visitantes sacaban fotos a las magnánimas dunas que decoraban todas y cada una de las calles. Quizá la fermentación de los residuos que las conformaban, tras un mes en las calles, ya producía olores más que molestos para los vecinos. Por eso la recogida de basura ha sido recibida con ‘fanfarria’, pese a la ‘triste’ pérdida turística.
