Menudo susto se han llevado los trabajadores de Megasa y menudo palo que les ha caído ahora. Lo de la radiactividad detectada en un arco es una faena. Ha obligado a paralizar las tareas de fundición y ha puesto en alerta al Consejo de Seguridad Nuclear. Suena todo apocalíptico. Pero todo este caos ha destapado una situación muy precaria de los trabajadores. Vale que la parada pone en jaque a la empresa y valdría incluso que se vea abocada a una regulación temporal de empleo. Pero la pretensión de modificar sus vacaciones para salvar el escollo es inaceptable, porque es el tercer año consecutivo que se plantea. Y así, no.
