LA obra de la calle de la Iglesia parece tocada por la varita del gafe. No se han hecho bien las cosas desde el principio y los vecinos -y, sobre todo, los comerciantes- sufren cada vez más las consecuencias. Tener la valla de obra a diez centímetros de la nariz cada vez que sales a la calle no ayuda nada. Pero si encima te encuentras que tu propia nariz te manda mensajes... La última queja es la de los propios residentes que han visto como este fin de semana los responsables de la obra dejaban a caño libre las bajantes de fecales. El olor era nauseabundo, pero nadie ha dado ni una explicación. Así, normal que la gente huya.
