QUE levante la mano quien no haya derrochado un par de horas de su vida en deambular por un cementerio. Repasar lápidas, curiosear entre mausoleos o darle rienda suelta a la imaginación es una buena forma de escapar del mundanal ruido. La mejor, valga el chascarrillo. Ferrolterra, Eume y Ortegal ofrecen un encanto peculiar, pero reconfortante. Ya hay quien se ha apresurado a etiquetarlo como necroturismo. Lejos de entrar en circuitos de touroperadores como los cruceros, las visitas a los camposantos son una opción. Y más en tiempos en los que triunfan las incineraciones.
