HAY que ver cómo ha quedado Ferrol tras el paso del tren de borrascas que —todo sea dicho— es el único tren que tiene alguna repercusión en estas latitudes. El trabajo de los servicios de mantenimiento por ir devolviendo la normalidad es ímprobo, pero hay circunstancias que ponen las cosas muy cuesta arriba. Por ejemplo, las obras de la avenida de As Pías. Bastante tienen los vecinos con aguantar el ‘calvario’ de enfrentarse a más de un año de aislamiento como para que, encima, con cada chaparrón se les convierta la zona en un lodazal no apto ni para las maniobras de la Infantería. Se están ganando un premio por su paciencia.
