las ansias por acabar la obra de la calle San Franciso a tiempo y salvar los fondos europeos destinados a su humanización han generado no pocas polémicas. Ayer se abrió al tráfico el primer tramo de dicha calle. Es un decir, porque en realidad pasaron las horas y nadie vio a nadie conducir por el nuevo firme. Es más: se diría que es la típica calzada que pide a gritos peatonalización. Al fondo, el inmueble del número cuatro ya espera a que la enorme grúa haga su trabajo de demolición parcial. La ausencia de coches permite escuchar las conversaciones. Hay a quien no le está gustando el resultado.
