El ciudadano que se quiera comprar un coche de combustión ya tiene los días contados para hacerse con uno o tal vez espere al día anterior a que expire la fecha límite de su venta en 2035. La medida va a ser un alivio para ciudades interiores, que verán cómo su atmósfera comienza a ser más limpia. Otras, como A Coruña, nunca tuvieron ese problema de contaminación porque el aire entra por la ría y sale por Riazor en segundos, barriendo todos los gases del ambiente, aunque hace años contasen con potentes enemigos como los autobuses urbanos que subían por la avenida de Finisterre. Otro de los beneficios del vehículo electrificado es que se eliminará el ruido que azota las calles y la gente podrá charlar más cómodamente sin lanzarse a dar gritos. Todo perece que son ventajas, todo mientras no se enchufen a la red por la noche para cargar la batería de los coches. En ese momento habrá que rezar para que no se caiga el suministro eléctrico mundial con tanto enchufe conectado a la red llenando baterías a esgalla.
