Una ciudad es un estado de ánimo. Es el cociente del estado de ánimo de todos sus habitantes. Determinar si es o no segura es un parámetro complicado de acotar. Pregúntele a quien le acaban de robar su televisor mientras se duchaba si Ferrol es una ciudad segura y verá lo que le responde. Caso real. Pero —huyendo del alarmismo—, de un tiempo a esta parte se están dando casos que suman y que aventan una sensación de que se está levantando el pie. Todos sabemos a qué barrios es mejor no ir a determinadas horas o por qué calles no es recomendable pasar luciendo joyas. Todos lo sabemos. La Policía, también.
