Suele suceder que la limpieza de los fondos marinos en cualquier punto de la costa o de las riberas se convierte en un ejercicio de vergüenza colectiva para la sociedad. Para la historia quedan ejemplos como la ría de Bilbao, o —todavía en marcha— la de A Pasaxe, en A Coruña. Anteayer, un grupo de unos cincuenta submarinistas adscritos a diez entidades y coordinados por la Armada se echó al agua en la ferrolana ensenada de A Graña. Sobre lo que allí apareció destaca un contenedor de los que habitan las calles para la recogida de residuos urbanos. Hace falta ser cafre. Y ni siete ni setenta. Solo tenemos un mar.
