Por lo visto, en esta ocasión el Black Friday no ha despertado en nosotros un irrefrenable instinto comprador y nos hemos resistido a llevarnos a casa ese enfriabotellas eléctrico con luces led e hilo musical incorporados que no sabíamos que existía ni que necesitábamos, pero que tenía una rebaja en el precio difícil de ignorar. Este año no. Igual porque estábamos entretenidos con el Mundial o volcados con el 25N o hemos echado cuentas y no nos dan. Así que no hemos caído en una de las últimas tradiciones yanquis que hemos abrazado como propias. Porque nosotros somos más de costumbres patrias, como esa de comprar los regalos de Navidad a última hora o, tendencia al alza en los últimos tiempos, en domingo. Eso sí que nos mueve. Y por eso estamos de enhorabuena. Lo de ‘al séptimo día descansó’ es cosa del pasado.
