Nos ha costado unos cuantos años, pero por fin hemos caído en la cuenta de que la clave para volver a triunfar en Eurovisión puede estar en simplificar. El estribillo de la canción que nos represente, concretamente. El ‘Lalalá’ de Massiel nos marcó el camino. Fácil, pegadizo, reproducible en cualquier lengua. Lo tiene todo. Igual que el ‘EaEa’ de Blanca Paloma. Que además viene con movimiento de mano incorporado a modo de coreografía que lo mismo puede seguir un señor noruego que una ragazza italiana y ambos sentirse flamencos de pura cepa. Y eso de crear vínculos con los eurofans, que son los que se dejan los cuartos en el televoto y pueden acabar decidiendo la clasificación, no es mala idea. Aunque después del éxito del año pasado con Chanel lo único claro es que no tenemos ni idea de lo que le va a gustar al público.
