Subirse a un tren de FEVE es, desde siempre, una de las aventuras que ofrece Ferrol a los más osados. Ayer mismo, el convoy que se dirigía a Oviedo chocó contra un árbol caído a la altura de O Vicedo. Por fortuna no hubo que lamentar daños personales. Más allá de las explicaciones oficiales —el viento ha proporcionado una excusa “ad hoc”—, lo cierto es que la vía estrecha es un eslabón más en la espiral de aislamiento y dejadez en la que la movilidad de Ferrol lleva demasiado tiempo enfangada. Lo preocupante no es que haya descarrilado el tren —que también—; lo que chirría es que viajasen diez y el maquinista.
