Aún no se ha instalado en Madrid y es la obsesión de todo socialista que se precie. Sin haber tenido tiempo de deshacer sus maletas, nuestro, aún, presidente, campa por las pesadillas de los líderes de todas las ramas del partido que, sea o no de su negociado buscan un punto para atacar y morder al monstruo que les aterra. Ayer fue el líder de los irrelevantes socialistas madrileños, Juan Lobato, al que le tocó enfrentar al dragón. Alzó en ristre los merecidos elogios de Von der Leyen a este país que, en su imaginación, son para su partido. Ni corto ni perezoso, nuestro lobezno se cargó de razón para preguntar al líder del PP “qué más tiene que pasar para que hable bien de España”. Así. Como si Feijóo hubiese denostado alguna vez a este país, como si se dirigiese a un recién llegado como él y no a alguien que lleva casi quince años trabajando en la Administración Pública para conformar la realidad que describió la presidenta europea. Quizá sería recomendable, que si Ferraz va agitar las aguas de la descalificación y la crispación (esas que tanto denosta), mande a sus mayores y no haga el ridículo.
