Los hay que pasan por la universidad, pero la universidad no pasa por ellos. ¿Qué puede llevar, en pleno siglo XXI, a unos jóvenes de pasta –como evidencia la residencia de clase alta en la que se alojan— y “supuestamente” buena educación, a berrear barbaridades del peor gusto como si estuviesen en medio del monte llamando al ganado? Y, peor aún, ¿qué puede llevar a unas jóvenes de las mismas características a dejarse tratar como ganado? Y, más paradójico todavía, si cabe, ¿qué puede llevar a las congregaciones RELIGIOSAS que dirigen ambas residencias a permitir –un año tras otro—unos comportamientos totalmente contrarios a la ética y moral cristianas? Y, por último, y totalmente incomprensible, ¿por qué no hacen nada al respecto las autoridades universitarias que desde febrero de 2022 tienen una ley que aplicar al respecto? Lo malérrimo de todo esto es que, muy probablemente, estos cachorrillos de noble cuna sean los que nos mangoneen en el futuro. Que medo!
