Tampoco es que haya sido mucha sorpresa saber que la familia Franco se opone rotundamente a que los bienes que contiene Meirás se queden en el pazo, bajo la tutela del Estado. Cuánto mejor en sus manos, lejos de miradas fiscalizadoras, para que pueden hacer y deshacer con ellos a su antojo. Dicen los herederos del dictador que si los han custodiado durante cuarenta años no va a haber ahora riesgo de desaparición, pero qué necesidad de comprobarlo. Y que un apuro económico puede llegar en cualquier momento y hay piezas muy golosas que seguro que tendrían más de un interesado en llevárselas a casa. Por no hablar de los precedentes: más de media docena de bienes de los que nunca más se supo desde mediados de los años setenta. A lo mejor los Franco, además de insistir en su experiencia atesorando bienes (propios o ajenos), deberían acreditar conocimientos en materia de conservación del patrimonio.
