Todo es cuestión de estómago. De ser un animal político, que le da igual decir una cosa que la contraria, que tiene claro que adora el poder y que hace todo lo que está en sus manos para conseguirlo, incluso traicionando sus propios principios. De nada sirve que durante la campaña prometiese que el no pactaría en la vida con prófugos de la Justicia y hoy le valen para seguir en La Moncloa. Su discurso de investidura lo dejó bien claro, que la culpa de todos los males de este país la tienen los populares. Y si le atacan, les acusa de ser amigos de los ‘franquistas’ de Vox. Fin del debate. Pero la única que de verdad va apagar ese afán por aferrarse a la poltrona es España. El acuerdo con los independentistas abrirá brechas, según los expertos, en todos los sentidos con el resto de las autonomías. Claro que Sánchez tiene en su poder el ‘Boletín del Estado’ y el reparto de los fondos europeos, con los que pagará a buen seguro el favor que hoy mismo votarán todos los pequeños partidos, incluidos aquellos que en su momento han tratado de destruir la Constitución.
