hay huellas que dejan los temporales. Demasiada agua caída del cielo, que ponen en evidencia las necesidades de mejorar las infraestructuras de las vías y calles de las ciudades y pueblos. Cierto que cuando cae más agua de la esperada o los ríos desbordan de forma inesperada poco se puede hacer ante los daños causados. Las alcantarillas no absorben los suficiente, caen árboles sobre vehículos o parques... En fin, una larga lista de incidencias a las que los bomberos y servicios de emergencias suelen dar la mejor respuesta posible cuando la ciudadanía está en peligro. La historia es qué aprenden las distintas administraciones del desastre por motivos naturales como son las inundaciones, pues parece que poco o nada. Con el tiempo plácido una de las tareas de los consistorios, diputaciones y autonomías debería ser mantener cuidados los parques, que no haya árboles descuidados ni alcantarillados, por ejemplo, sucios y llenos de hojas o basura. Si ese mantenimiento existiese los daños serían menores. Eso es indiscutible.
