Hace gracia, aunque poco de chistoso tiene, que desde alguna parte del palacio de María Pita se diga o piense que los vecinos no siempre tienen la razón en su poder o en sus denuncias. Poca gracia, la verdad. El tiempo está demostrando que normalmente son los que sufren y padecen en primera persona la falta de seguridad, de limpieza, las okupaciones, parques insuficientemente equipados para que los niños puedan jugar sin miedo a encontrarse elementos peligros, etc. Gracias, las justas. Luego dicen algunos políticos municipales que van por la calle y nadie les habla de esos miedos y esas carencias que sufre la ciudad herculina en este caso concreto. Claro que no les hablan de ello, si están alejados y ‘protegidos’, ¿quién se va a acercar a hablarles? Si viven en su burbuja de asesores municipales que se encargan de que a los jefes ni se les moleste, que ya ellos resuelven a su manera. Se echa en falta políticos coruñeses que sí pateaban las calles, que entraban en comercios para preguntar si se vendía algo o cómo iba el asunto. Esa cercanía se está perdiendo y todo se arregla con notitas y redes sociales.
