La respuesta de Israel en Gaza es realmente cruel, ya que los que pagan las consecuencias de esos cruentos ataques son civiles inocentes. Ellos están en medio de una situación no deseada. Por un lado, un grupo terrorista como Hamás, al que le importa un bledo el pueblo al que dice que defiende, porque si fuera así no tendrían sus puestos de mando bajo los hospitales, escuelas o zonas públicas para no causar daños a los suyos. Israel, por su parte, tiene derecho a defenderse, pero de forma selectiva y proporcionada. Toda esta desgracia humana se debe a que la ONU es un órgano inoperante, incapaz de conseguir que esa zona tenga estabilidad suficiente. Hamás tampoco busca vivir en paz con un Estado palestino y otro israelí, los terroristas quieren borrar de la faz de la tierra cualquier rastro judío. O eso parece. Aunque solo sea por eso convendría que Pedro Sánchez no fuese tan radical en su postura. Quizá sus deseos sean compartidos, pero quiere brillar con luz propia y mete la pata. En su haber tiene ahora que Hamás lo tiene como amigote y eso es lo penoso.
