ocurre en todas las ciudades o pueblos. Llega la lluvia y con ella los problemas de circulación. Todo se ralentiza, todo va más a cámara lenta. Los conductores levantan el pie del acelerador por precaución, pero otros no son tan prudentes y llevan su ritmo vital al máximo. Eso produce contaminación acústica, vamos, que gastan lo suyo en presionar el claxon y se hace insoportable para el oído humano, lo cual les importa un pimiento. Los más afectados por la lentitud del tráfico rodado son los profesionales del taxi, que algunos de ellos, sufren lo suyo. Algunos hasta demuestran su destreza haciendo maniobras que ponen en riesgo la chapa de su vehículo, lo cual hay que preguntar si eso conduce (nunca mejor dicho) a algo, porque darle un golpe significa hacer una parada de reparadora en el taller y no poder ejercer durante unos días. Pero bueno, hay de todo. Hay de todo. Pero lo dicho, que cuando llueve todo se complica y mucho más si los semáforos no funcionan y tenemos a los esforzados agentes dirigiendo los cruces conflictivos. Así que cuando llueve, paciencia.
