Cuando las matemáticas se impusieron, en la noche electoral, se reveló que, pese a los discursos triunfalistas de los grandes partidos, no habría gobierno sin pactos difíciles. Como la izquierda, a priori, lo tenía más fácil, la derecha tiró de argumentario para volver a insistir en aquello de lo pernicioso de gobernar España con quien quiere romperla. Nada que no se hubiera escuchado ya en campaña. Antes, incluso. Claro, ahora la cosa se complica otro poco más para el PSOE. El voto exterior ha hecho que ya no necesite “solo” la abstención de Junts, sino su apoyo explícito. Un apoyo que el PP no descarta buscar para sí, porque ha terminado entendiendo eso de las matemáticas: Y las cuentas, si incluyen a Junts, les dan. Tanto dan, que Génova ya ha suavizado el discurso hacia los de Puigdemont. Veremos.
