los partidos se afanan en subrayar lo que es digno de figurar como promesa electoral en el tramo final de campaña. Para unos, prohibir por norma que se puedan convocar elecciones en verano. Otros prometen debates obligatorios en televisión o reubicar en lugar preeminente en las aulas a figuras más o menos legendarias de la historia patria. Es probable que ninguna de ellas sea una preocupación central del grueso del electorado. Pero ahí están. Casi no haría falta señalar qué partido promete cada una si se atiende a la sutileza de a qué tipo de votante le puede sonar bien cada una de ellas. Lo inquietante es el poder de convertir, estas y las que faltan, en necesidades para quienes ni siquiera habían pensando antes en ellas. Crear necesidades: Una máxima de la publicidad.
