La catástrofe del ‘Prestige’ se vivió con tanta angustia como coraje. Cuando se cumplen veinte años de esta tragedia, el sector del mar convoca actos para que sus consecuencias no queden en el olvido y evitar que se repita esta triste historia que ennegreció el salitre de nuestras lágrimas. A Illa es uno de esos pueblos marineros que organiza una jornada sobre el naufragio del petrolero y su pestilente y viscoso vertido. Seguro que saldrá a relucir el carácter de las gentes de esta Ría, que lejos de resignarse a vestir un traje blanco y recoger en un cubo la negrura, se lanzó al mar para batirse en una lucha desigual sin más arma que sus manos desnudas para salvar su medio de vida. Más tarde de cuando eran necesarios llegaron los medios para una flota unida por una causa que todavía emociona.
