La política líquida que abrazaron como guía partidos como Podemos se ha vuelto marejada con los resultados de las elecciones europeas y ha motivado que Yolanda Díaz se baje del barco de Sumar. Al menos hay coherencia con esa idea de que las formaciones tienen que fluir con los vaivenes sociales y adaptarse a lo que demandan los votantes. Que en este caso, curiosamente, parece ser que la vieja política se siga haciendo fuerte. Igual alguien tiene que revisar la vigencia del concepto ese de la fluidez, que lo mismo se queda en moda pasajera. O igual es que, al final, lo que nos convence (más o menos) es lo conocido. Parece que hay cosas que duran eternamente. No ha sido el caso de Yolanda.
