Leíamos hace un par de días en las páginas de El Ideal Gallego que, a finales de septiembre, una mujer gritaba desde la ventana de su casa, cuchillo en mano, amenazando con matarse. ¿Qué nos está pasando? ¿Qué le está pasando a esta sociedad nuestra, que en teoría tiene una mejor vida que el siglo pasado, para que haya tanta gente desesperada hasta el punto de matar y matarse? Sospechamos que, aunque en teoría la vida resulte más cómoda por los adelantos modernos, la competencia que nos supone llegar a ellos y cumplir con los súper roles a los que nos obligan, nos desquician hasta la locura. ¿Y qué decir de la soledad, que se expande como una mancha de aceite? Mucha red social y nadie con quien desahogarse diez minutos. Simplemente hablar. Eso es lo que hizo el negociador de la Policía para que la mujer desistiese de su intento suicida: hablar. Nos sobran presuntas comodidades y nos falta convivencia y empatía. A veces, con aguantarle un ratito el “rollo” a un abuelo o al vecino de al lado, hacemos más labor social que en una ONG. Pero no luce tanto, claro.
