Nuestra maravillosérrima urbe ha recibido a los señores mandatarios de España y Alemania y a sus acompañantes así, como es ella, con la cara lavada… por la lluvia. Y es que una cosa es maquillarse y ponerse mona con florecillas y macetones por todas partes, que está muy bien, y otra es avergonzarse de cómo es uno. ¿Que llueve? Pues que llueva, pero como llueve para recibir a los amigos, con suavidad y elegancia, como si fuera una salva de caricias del cielo -no como en otras partes donde presumen de sol y cuando llueve se lo lleva todo por delante-. Además, no sería de extrañar que a la media hora estuviese luciendo el sol como un loquito, iluminando las galerías de La Marina hasta el deslumbramiento. Pues eso, que así somos y así nos gusta ser y seguro que nuestros invitados también quedarán encantados con los reflejos irisados de nuestras piedras graníticas pulidas por la lluvia. Si es que nuestra Coruña está guapa de todas formas, no lo puede evitar.
