Hace nueve días la popular María Guardiola saltaba a los titulares como heroína frente a lo intolerable de la intolerancia. Dio su palabra, e insistió en ello en su periplo por los medios, en que no incluiría a Vox en su gobierno. Llegó a decir que antes se iría. Y que su palabra era su mejor activo. Ayer, casi al tiempo que se comía lo dicho y firmaba con los de Abascal el incluirlos en su ejecutivo, Feijóo, en el mantra popular contra Sánchez, declaraba que “en tiempos en los que la palabra de un político no vale nada, yo reivindico la política de la palabra. Sin palabra no hay política”. No se preocupen, que cuanto más lo piensen, peor se pone la cosa. Seguro que Guardiola también ha tenido tiempo a pensarlo. Ya se sabe: El fuego amigo, a veces es el peor de todos, aunque llegue en forma de bala perdida.
