el escabroso asunto del asesinato de Elisa Abruñedo hace diez años y que la Guardia Civil acaba de esclarecer deja muchas reflexiones en el aire. Casi tantas como incógnitas aún sin resolver. Entre esas curiosidades colaterales no está de más reconocer el papel que la Diócesis de Mondoñedo ha jugado en todo esto. La Guardia Civil pidió rebuscar entre los papeles y monseñor Fernando García Cadiñanos asintió sin preguntar. El archivero, reverendo Félix Villares Mouteira, colaboró en todo lo que pudo. Buscaban a algún familiar lejano del asesino confeso. Lo encontraron. Lo demás fue cosa de la ciencia.
