Miedo da el mero hecho de que Junts (independentistas de derechas con siete escaños decisivos) se preste a hablar con el PSOE y con el PP sobre la gobernabilidad del Estado. Hablamos de un partido cuya estrategia, ocasionalmente vinculada a la situación personal de un prófugo de la Justicia, consiste en la negación de ese Estado. Y de un Estado cuyos partidos centrales descansan sobre un colchón parlamentario equivalente a casi el 75% del Congreso (258 diputados) y sociológico del 65% de los votantes (16 millones) en las últimas generales. Sin embargo, Sánchez y Feijóo no se hablan. La comunicación entre los dirigentes que representan los pilares de la centralidad es inexistente. Solo se encuentran en el charco, la bronca y la mutua falta de respeto que se profesan. Ergo, la estabilidad del país depende de minorías extremistas, siendo decisivas las de aversión declarada al vigente orden constitucional con tendencia a favorecer el Gobierno de quien no ha ganado dichas elecciones.
