Es lo que tiene el poder. Que en cuanto uno se hace con él se cree invencible. O casi. Y, claro, es cuestión de tiempo que se tope con otro en las mismas circunstancias y con las mismas ínfulas y broten las animadversiones. Y en el caso del común de los mortales, que tiene recursos bastante limitados, la cosa puede quedar en un rencor en la distancia, pero cuando hablamos de personas que tienen al alcance de la mano, literalmente, botones nucleares, el enfrentamiento es considerablemente más intenso. Por aquello de competir para ver quién tiene más grande el misil, que se ve que es algo que a lo que pueden resistirse. Y así estamos, con el líder de Corea del Norte, que no parece el tipo más templado del lugar, lanzando bombas de un continente a otro para disuadir a su vecino del Sur y a Estados Unidos de hacer maniobras cerca de sus dominios y a estos respondiendo con el despliegue de bombarderos. Por si no tenemos suficientes frentes abiertos en el mundo.
