Pasa en A Coruña y en la gran mayoría de los municipios españoles. Los partidos políticos, todos, buscan tener el control a nivel territorial. Se acabaron los versos sueltos como en su día lo fue, por ejemplo, Paco Vázquez y otros muchos alcaldes como Pascual Maragall, por poner dos ejemplos. Eran leales con el partido, pero si había algo que interfiriera en su gestión municipal, lo mandaban a la porra. Hoy es todo lo contrario. Hay que seguir el prontuario que se marca desde Madrid y el que no lo haga, que se atenga a las consecuencias. Vamos, que va a tener menos favores y, además, corre el riesgo de que desde su propia asamblea les hagan la cama. En una palabra, que pierdan el control interno local y acabe en el ‘olvido’. Esto no es que se aplique solo en España, también en Europa ocurre lo mismo. Pero se nota cuando un alcalde hace propaganda para dar un tortazo al rival político y sigue el argumentario marcado y que se impone desde el seno del partido. Se llama discurso único.
