El primer día del año se caracteriza por sus contrastes como el de jóvenes vestidos de etiqueta desafiando al frío con una simple chaqueta como el mayor de los abrigos o los que salen a correr nada más despuntar el día. Están los que hacen cola para comprar una docena de churros y los que todavía buscan un local abierto para tomar la penúltima. En ese trasiego se encuentran los que pasean a sus perros con gorro, bufanda y guantes y quienes todavía lucen escotes y camisas arremangadas. Están los que se levantan para trabajar y los que solo buscan una cama para descansar después de toda una noche en vela al ritmo de la música y el cotillón. En lo que todos coinciden es en los deseos de prosperidad para el año que entra, que venga con salud, buenos deseos y que mantenga los contrastes.
