Todo comenzó con la necesidad de trasladar a los placeros del edificio de Ucha a una ubicación provisional mientras se acometían las reformas. Luego vino la subasta del pescado mientras la lonja estaba en obras. En 2009, siendo alcalde Vicente Irisarri, se determinó que estaba fuera de ordenación. Y la polémica se extendió por todos los rincones de Ferrol. Ayer, la Junta de Gobierno acabó con las especulaciones y aprobó una demolición de casi 900.000 euros y que comenzará -más, menos- con el arranque de la campaña electoral. Lástima. Fue un mercado provisional de toda la vida.
