Estaba previsto. Pedro Sánchez se salió con la suya y seguirá gobernando. Siendo muy primario podríamos decir que se valió del voto de un prófugo de la Justicia, de un delincuente, a cambio de borrar su ficha policial. Claro que estamos en una democracia y la investidura es lícita, aunque sea sumando las minorías del Parlamento. Nadie puede discutir esto. Otra cosa es la factura que pagará el PSOE por la ambición del ya presidente del Gobierno y el ‘sanchismo’. O eso o la nada. El socialismo seguramente saldrá ‘malherido’ al final de este camino, pero ahora llega lo más difícil, que es gobernar con el revólver cargado del independentismo en la sien de quien dirige el Gobierno. Los españoles tienen la sensación de que el país está definitivamente partido en dos, pero no olvidemos que de eso tienen la culpa los dos grandes partidos (PSOE y PP), que si hubieran dialogado seguramente España no estaría metida en este lío tan grande, ni tampoco permitido que la Constitución hubiera sido atacada tan salvajemente por el independentismo catalán. Tal cual.
