ANDA Cristóbal Parralo con la mosca detrás de la oreja. Empiezan a oírse cantos de sirena desde la orilla de los clubes de Primera más poderosos. Que si Carlos Vicente interesa en no-sé-dónde, que si Jesús Bernal le entra por el ojito a no-sé-quién... Y el técnico, que es un dechado de sensatez, empieza a mostrarse intranquilo porque es un ataque a la línea de flotación de un equipo que basa sus éxitos en la buena cabeza. Lo que hay que pedirles a los jugadores es que sigan peleando por ofrecer su mejor versión, que cuando les llegue el momento de dar el salto todo el racinguismo estará muy orgulloso de ellos.
