Hace falta ser miserable de toda miseria para dedicarse a timar al vecindario haciéndose pasar por miembros de una comisión de fiestas. Por muchas ganas de verbena que tenga el barrio ferrolano de Caranza —que hace doce años que no se echa un baile—, y por más generosos que sean los vecinos, poco se puede rascar al bolsillo más allá de unas monedas. Lo que hay que hacer en estos casos es desconfiar y avisar rápido a la Policía, a ver si hay suerte y los pillan con la “estampita” en la mano. Y mucho ánimo a los de verdad, a los que se han atrevido a dar el paso y recuperar los festejos. Que no decaiga.
