Podemos resistirnos un poco más, pero no dejamos de recibir señales para abandonar de una vez por todas esa red social en la que te encuentras con dos mensajes de odio, ocho polémicas y tres propagandas políticas por cada publicación que aporta algo positivo. Un día podríamos probar a no pinchar en el icono del pajarito, solo por ver qué pasa. A lo mejor resulta no se nos atraganta el café, ni ponemos los ojos en blanco, negamos con la cabeza o resoplamos al menos una vez por cada minuto de los que dedicamos a ese universo de 140 caracteres. Lo mismo el amigo Elon Musk, conocedor del efecto que produce su juguete en nuestro ánimo, ha decidido limitar el número de tuits que podemos leer al día precisamente para protegernos. Y nosotros poniendo el grito en el cielo porque nos parece que lo único que quiere es sacarnos dinero… Si es que seguro que en el fondo a él tampoco le gusta Twitter y está haciendo todo lo que se le ocurre para que nos vayamos en masa. Sigue así, Elon, que casi lo tienes.
