Seguir “la senda de Yolanda” es la consigna de quien aspira a ir a la moda en la temporada política. Hacia ella vuelven sus arrobados ojos los líderes de las maltrechas formaciones que intentan regresar a tierra firme entre los restos del naufragio de Podemos. Entre miradas de adoración, Yolanda la bienquerida, la esperanza de la izquierda, se pasea con gracia por exclusivos saraos y por multitudinarias manifestaciones mientras entona sus mantras. “Yo estoy aquí por el bien común”, explica ante selectos círculos. “No me interesan los cargos”, comenta desde su despacho. “Me voy en cualquier momento”, repite desde hace quince años. Ella es todo altruismo y desprendimiento y ha venido aquí a “escuchar” mientras va dejando atrás coaliciones en ruinas en su ascenso imparable. Porque Yolanda, nuestra Yolanda, sabe sin duda ser la brillante imagen de ese cambio necesario para que todo siga igual. fOTO: Yolanda Díaz | EFE
