No seremos nosotros los que hablemos de señales del universo, pero lo de la boda de Tamara Falcó buena pinta no tiene. El episodio del engaño y los seis segundos en el Metaverso eran una buena pista, pero el perdón y poner la otra mejilla son rasgos muy cristianos y el amor lo puede todo y bla bla bla. Luego llegó el ‘contratiempo’ con el vestido de novia, nada que no se pueda solucionar con buenos contactos y mejor cuenta corriente, todos tranquilos. Ahora es el turno del robo de las joyas que iban a llevar algunas de las invitadas y la cosa adquiere tintes de crónica de sucesos: tres atracadores se hacen pasar por guardias civiles y asaltan a dos joyeros, llevándose un muestrario que supera los dos millones de euros. Solo falta que el día previo a la celebración haya una inundación en el lugar del convite y que un virus haga estragos entre los asistentes. Eso sí, la ilusión todo lo puede. Frente a los caprichos del destino, cabezonería. Y que gane el mejor.
