Cuando alguien se decide a dar un paseo por la Ciudad Vieja de A Coruña, lo hace con esa mentalidad de adentrarse en una suerte de remanso de paz, en la que poder olvidarse durante un buen rato de tener que mirar a los lados para cruzar sin que nadie se lo lleve por delante. Bueno, por lo menos esa era la teoría, porque los vecinos empiezan a llamar la atención de que ese remanso de paz no es tan bonito como parece. Y es que los pocos vehículos con permiso para circular por este entorno (pocos para algunos, muchos para otros) circulan, apuntan, “según les parece”. Y pensarán ustedes que los afortunados que se adentran con sus vehículos en la Ciudad Vieja, bien por trabajo, bien porque residen allí, han adoptado una suerte de utopía anarquista automovilísitca en la que las normas viales no existen. Pero no, nada más lejos. El problema radica en que dichas normas no están señalizadas en la zona, porque la señalética no se ha repuesto con el tiempo. Antaño probablemente existiesen las direcciones prohibidas, ahora... Circulen.
