Si ha sido usted uno de esos valientes que se han pasado por alguna plaza de abastos estos dos últimos días, ha visto los precios -sobre todo de pescado y marisco- y ha sobrevivido al susto, nuestra más sincera enhorabuena. Y si, además, se ha podido permitir comprar un besuguito, una lubina o un cuarto quilo de percebes, más enhorabuena todavía, porque eso quiere decir que, o es usted rico por su casa o que ha comprado lotería en la calle Barcelona, o las dos cosas, que tampoco está mal. Ya sabemos que el mar es muy suyo y decide cuándo deja faenar en él y cuando no, y este fin de año ha decidido que no. Por lo tanto, el pescado y el marisco que hay es escaso y cuando hay escasez... Así que, los que no hemos comprado lotería en la calle Barcelona celebraremos el fin de este año de guerras, escaseces, inflaciones y desgracias varias con palitos de cangrejo y paté barato de supermercado. Las uvas las compraremos a última hora, para que estén rebajadas. Hale, que sean ustedes muy felices y nos sigamos leyendo/escribiendo el año que viene.
