En otras épocas, el arte era un vehículo de denuncia y ahora unos cuantos lo están convirtiendo en víctima de sus reclamaciones. Parece que el activismo también se mueve por modas y la que toca es atentar contra grandes obras de la pintura. Después de la sopa de tomate sobre ‘Los girasoles’ y el puré de patata lanzado a un Monet, llega el turno de las muchachas pegadas a los marcos de las ‘majas’ de Goya. Hay que agradecer que, al menos, no desperdicien comida. Pero a cambio pintan en la pared entre los cuadros un mensaje sobre la subida de la temperatura del planeta, porque lo de hacer de post-it humano igual no es suficiente para que se entienda su idea. Cuánto desubicado hay por el mundo... Los museos deberían ir pensando ya en reforzar la plantilla de vigilantes, antes de que las chiquilladas suban de nivel y acaben por hacer un daño irreparable. Con tres avisos debería ser suficiente.
