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Al finalizar el debate entre Pedro Sánchez y Alberto Núñez Feijóo me he vuelto a hacer una pregunta que para mí ya es repetitiva: ¿Para que vale? Lo visto en las Cámara Alta, único feudo parlamentario en el que se pueden enfrentar los dos líderes políticos, me ha vuelto a decepcionar de manera más que preocupante.

En tantos años de ejercicio profesional he visto y seguido numerosos debates parlamentarios, tanto a nivel nacional como autonómico. En la mayor parte de las veces pude extraer cuestiones que pudieran interesar a los lectores y los oyentes. En los últimos tiempos nada de esto sucede. Lo único que se puede destacar son los broncos enfrentamientos, en ocasiones rozando lo barriobajero, que van en aumento a medida que el calendario va sumando días y acercándose cada vez más a la doble confrontación electoral como preámbulo a lo que, de manera general, sucederá a finales de año donde se va a decidir quién gobierna en España.

A Pedro Sánchez lo he visto en la misma línea de otros enfrentamientos parlamentarios: prometiendo temas que son irrealizables (construcción de viviendas, primera bandera de enganche electoral), atacando a líder de la oposición- parece que hace oposición frente a la oposición-, teatralizando más de la cuenta, magnificando el trabajo realizado sin aportar datos concretos y enarbolando la segunda bandera electoral con el tema de Doñana. A Alberto Núñez Feijóo lo vi con una defensa sin ataque en profundidad y centrándose fundamentalmente en las discrepancias y las grandes grietas que hay en el Gobierno de coalición.

Ninguno de los dos me aportó nada que me pueda interesar ya que huyo permanentemente de los enfrentamientos que rozan con insistencia lo personal. Lo que queremos los votantes es que nos presenten soluciones concretas a los numerosos problemas que estamos padeciendo y que generan que cada vez son más las personas que no llegan a final de mes o que engrosan las listas de exclusión social.

Mientras que ellos se enfrentan por un puñado de votos, los contribuyentes soportamos estoicamente la carestía de la vida. A ellos, creo, eso poco les importa.