Enrique Castro, en Arga
La galería Arga ofrece una muestra del pintor Enrique Castro, nacido en Lugo, pero residente en A Coruña desde la infancia, donde fue alumno de Aurelio Lombera, el cual apadrinaría su primera exposición en la Asociación de Artistas, en 1972. Desde 2011 es socio de Arga.
Aunque utiliza distintas técnicas pictóricas: óleo, acrílico, pasteles, lápiz..., su preferida es la acuarela, que es la que usa en esta exposición.. Su temática consiste, principalmente, en paisajes de nuestra ciudad o del entorno, aunque hay también un retrato de Picasso, un cuadro de perros, otro de cisnes, otro de caballos, una escena que recoge la epopeya de nuestros marineros luchando con su nave entre las olas embravecidas y otra en la que se ve a los pescadores sobre sus barcas sacando del mar un gran pez.
Su forma de expresión se caracteriza, sobre todo, por las atmósferas envolventes, de luces difusas, en tonalidades preferentemente pardo-verdosas, en las que recrea rincones íntimos de nuestra naturaleza, rodeados de zonas boscosas y aguas de riachuelos que descienden entre añosos troncos de árboles o se remansan en orillas recogiendo esa placidez que suele alimentar el gozo del contemplador. Nos devuelve así una visión de nuestro paisaje que, sin duda, nos acerca a ese sentimiento de hondo lirismo que nos caracteriza; y esto es más visible, en aquellos cuadros donde deja que la fronda cree un espeso entramado o envuelva un remanso de aguas quietas; también juega con los contrastes entre las sombras que crea la umbría y los brillantes reflejos que la luz que se filtra proyecta en el agua. Es en estas obras donde su sensibilidad aparece más afinada, más llena de sugerencias y de misterio y donde –al menos a nosotros– nos parece que alcanza su más delicada y sugerente expresión.
Algunas de sus obras se caracterizan por ofrecer una visión realista del entorno, como sucede, por ejemplo, con varias escenas que tienen por protagonistas escenarios de nuestro mar atlántico, ya orillado de la arenosa costa, ya con sus aguas intensamente azules besando una playa con bañistas, ya avanzando sus espumosas olas hacia el malecón. También aparecen rincones conocidos de nuestra ciudad, como el paseo del Parrote, con sus barcas varadas y sus veleros, la avenida de La Marina, los Cantones, la calle Real o los farallones del Orzán; destaca, entre estos, un cuadro de un rincón coruñés, en el que recoge el ambiente húmedo de un día lluvioso.
Una escena apacible de río con molino y otra de aguas que descienden precipitándose entre rocas muestran su capacidad para captar los contrastes y acordar los trazos de su pincel al ambiente del espacio que lo inspira. Hay un curioso cuadro, que es casi una abstracción, donde pinta un esquinado rincón de playa arenosa en la que emergen pinchosos racimos de afiladas púas. Su obra, en conjunto, da fe de sus especial sensibilidad para captar el paisaje y para sumergirse en sus incitantes sugerencias y sus escondidos misterios.
