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Un percance traumatológico que está reparando con gran profesionalidad el Dr. Pérez Abilleira me confinó de nuevo, como en marzo 2020, y el encierro me brindó la oportunidad de navegar por mi pequeño mar de libros, que no es mala singladura, en los que busqué nuevas ideas y cavilaciones para levantar el ánimo en un estado de invalidez temporal.

De ese mar bibliográfico rescaté las “Meditaciones“ del emperador Marco Aurelio que, con Epícteto y Séneca, es el discípulo más ilustre de Zenón de Citio, el mercader de Chipre que recaló en Atenas en el siglo III A. C. y creó su propia escuela filosófica, el estoicismo, en la Stoa Pintada, un pórtico cercano al Ágora donde impartía sus lecciones.

El estoicismo recobra fuerza en la era de la Inteligencia Artificial y cautiva a políticos, profesionales, empresarios, actores y gente del común por la sencillez de sus pensamientos que ayudan a sobrellevar las crisis y los contratiempos que nos depara la vida. Son las circunstancias que escapan a nuestro control las que rompen certezas y seguridades políticas, económicas, sociales y existenciales, llenan de angustia nuestras mentes y empeoran nuestra calidad de vida.

A este desconcierto y angustia vital responde el estoicismo con principios tan básicos como “Déjate guiar por la razón, cambia lo que puedas cambiar y acepta lo inevitable, disfruta de lo que posees y deja de desear lo que no tienes, cultiva tu fuerza interior, controla tus deseos”. Son algunas de las máximas de esta escuela filosófica que dan la fuerza necesaria para mantenerse firme ante la adversidad y afrontar los días de mucha turbación.

En “Lecciones de estoicismo. Filosofía antigua para la vida moderna”, (Taurus, 2020) John Sellars señala que el estoicismo nos enseñan cómo vivir, cómo entender nuestro lugar en el mundo, como afrontar las adversidades, como controlar nuestras emociones, como aprovechar el tiempo y como guiarnos en nuestra relaciones con los demás. Todo un programa vital.

Las ideas del estoicismo de aceptar lo inevitable y luchar por lo posible, dice Jordi Nomen, ayudan a recuperar parte de la serenidad perdida ante contratiempos que nos superan y angustian personalmente, como la inseguridad ante el futuro, la lamentable situación política y, sobre todo, la salud.

Ser estoico es compatible con las creencias de cada cual. No significa ser indiferente, sino colocarse a distancia razonable de los acontecimientos e intentar dominar los pensamientos negativos para alcanzar mayor plenitud vital, que ellos llaman felicidad.

Luchar por lo posible es una buena terapia para andar por la vida y siempre tiene como prioridad la recuperación física para volver a la bendita rutina diaria. En esas estamos.