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Llego a casa después de otro de esos días que comienzan a las 8 de la mañana y parecen infinitos. Infinitos por la cantidad de pequeñas o grandes tareas realizadas, los encuentros mantenidos, las llamadas contestadas y las conversaciones pendientes. Agradezco llegar, sentir el espacio, la ropa limpia y planchada encima de la cama, el aroma a incienso, azahar, vainilla, cuero, madera, sándalo de nuestros perfumes favoritos, las mantas de mohair en el sofá esperando los fríos para ser abrazadas. Si doy las gracias al cerrar el día, como doy las gracias al abrirlo.

En un mundo que parece que se desmorona, donde no cesan los ataques bélicos, las desigualdades, los desastres climáticos… esos pequeños detalles cotidianos relativizan los obstáculos, los enfados, lo que no ha salido como esperábamos. Y no, no se trata de dar las gracias a todo lo que sea que te venga. Tampoco nos volvamos “killers” del positivismo a todo trapo. Cada cuestión, en su justa medida.

Si es verdad que, según varios estudios científicos, entre ellos el llevado a cabo por Rollin McCraty en HearthMath Research Center, las personas agradecidas obtienen importantes beneficios en su salud cardíaca, tienden a enfermar menos y, en general, son más felices. Expresar gratitud cambia literalmente la estructura molecular del cerebro, mantiene la materia gris funcionando y nos hace contar con un mejor estado de salud física y emocional. ¡Bienvenida sea pues!

Hablar de gratitud es hablar de dar y recibir, por lo tanto, de relaciones de equilibrio, de reconocimiento, de generosidad, de humildad. En el fondo, reflejamos con ello un sistema de valores.  Como no podía ser de otra manera en este “telar” de los viernes, se trata de tejer un ambiente de confianza y aprecio mutuo, fortalecer nuestras relaciones, incluso la que mantenemos con nosotros mismos. Un adiós a las quejas constantes, al foco perpetuo en lo negativo o la rigidez ante los cambios. Ante todo, mantener la actitud adecuada para seguir liderando tu vida, como diría mi querida Lucia Canabal.

Recuerdo lo que me impresionaron en su día los estudios del agua realizados por Masaru Emoto, quién fue capturando aguas de distintos espacios y midiendo su pureza. Más tarde se adentró en los efectos de la música y las palabras. Con la palabra “GRACIAS” (en distintos idiomas) la cristalización del agua tiene una forma muy hermosa y bien equilibrada. Se asemeja a la del cristal que fue expuesto a las “Variaciones Goldberg”, melodía que Bach compuso, curiosamente, para expresar su gratitud.  Las palabras tienen poder así que porque no cultivar aquellas que nos aportan mayores satisfacciones.

En este sentido, por si alguien quiere sumarse a ellas, os comparto mis prácticas de gratitud

• Levantarse con un buen pie: si hay días que cuesta, pero empieza el día dando las gracias por algún aspecto que aprecies de tu vida.

• Diario gratitud que puse en marcha desde que conocí al profesor Tal Ben-Shahar en un Congreso de la Felicidad allá por el año 2010. Tan sencillo como anotar en un cuaderno 3 experiencias positivas del día. No tiene por qué ser algo extraordinario; valora las pequeñas cosas.

• Adiós a las quejas: enfádate lo que quieras, pero no te quedes ahí, dale la vuelta y amplia el foco.

•Colaborar con alguna actividad solidaria: la vida con propósito es la vida mejor.

Y como decía Séneca “nada es más honorable que un corazón agradecido”. GRACIAS.