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Homenaje a Eduardo Eiroa Mene

Al entrar en el restaurante se paró en seco, la fuerza de los entusiastas aplausos le impedía avanzar, su rostro moreno se volvía aceitunado mientras se echaba la mano a la frente y hasta le costaba respirar según alcanzó a decir. A Eduardo Eiroa Mene (A Coruña, 1956) lo recibió un auditorio de unas cuarenta personas para tributarle un afectuoso y agradecido homenaje, que se celebró en Santiago, por su dedicación al Colexio de Ópticos Optometristas de Galicia.

Fueron más de treinta años de vinculación colegial y trabajo, codo con codo, con sus colegas y compañeros de las sucesivas juntas de gobierno, de la que fue presidente desde 2010 hasta hace unos meses. Su sucesora, Esther Amaro –primera mujer en dirigir el Colegio gallego–, calificó a Eduardo de “trabajador, tenaz, inteligente y líder”, con el que trabó una “gran amistad”. 

Otros directivos de la entidad profesional, así como el personal y algunos colaboradores, encarnaban el reconocimiento, al que también asistieron Enrique Valcárcel –presidente anterior–, María Jesús Giráldez y Eva Yebra –decana y exdecana de la Facultade de Óptica e Optometría de la USC, respectivamente– y Eduardo Morán –decano del Colegio nacional–.

A los postres y, tras la mayúscula sorpresa, Eiroa confesó que pocas veces había sentido “algo así”, al tiempo que rememoraba 1978 como el año en que finalizó sus estudios de Óptica y cómo, al año siguiente, abría ya su establecimiento. Subrayó las dificultades para superar en aquellos tiempos las barreras que había entre la universidad española y el ejercicio profesional, y cómo un “trabajo colectivo” de muchas personas y muchos años permitió llegar al “reconocimiento” sanitario, profesional y social que hoy tiene la profesión de óptico optometrista. Además de agradecer, “abrumado”, la semblanza de Esther, él citó expresamente a Eliseo Gómez Lor –presidente honorífico que falleció en 2008– y Valcárcel como sus “guías”, así como a Covadonga Delgado Merino, secretaria técnica del Colegio recientemente jubilada y presente en el homenaje.

La placa que se le entregó a Eduardo reza: “En reconocimiento a tu perseverancia, lucha incondicional y dedicación a este colegio profesional”. Sin duda es una distinción merecida y oportuna, que todos los asistentes expresaron con devoción. Pero no es menor el afecto que desbordaba el encuentro, con los sentimientos a flor de piel.

El recorrido en imágenes y fotos de toda una vida profesional y actos colegiales ayudaron a tirar de la nostalgia y la felicidad. Había tanta verdad en el ambiente que no faltaron algunas lágrimas. Pura emoción compartida.