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Está bien que el presidente viaje al exterior, cultive relaciones con otros países y saque el provecho que para la economía y la imagen de España reporta la diplomacia bien hecha. Da la impresión, además, que el exterior es el escenario donde el presidente se siente más a gusto, aunque su peso e influencia en la política internacional son menores de lo que creen él y sus fieles.

Pero a muchos ciudadanos también les gustaría ver al presidente viajando por España buscando más entendimiento con las autonomías, encuentros con empresarios, autónomos y con los ciudadanos para conocer problemas comunes e impulsar políticas vinculadas a los Fondos Next Generation, que, cuando menos están gestionados con un retraso tan peligroso que pone en peligro que las decisiones de inversión de grandes compañías se concreten en proyectos hace tiempo programados.

Galicia tiene en este momento dos proyectos que se pueden escapar: Stellanis en Vigo y Altri en Palas de Rei. El domingo publicaban varios periódicos la fotografía de Carlos Tavares, presidente de Stellanis, haciendo de anfitrión de Marcelo Rebelo de Sousa y Antonio Costa, las dos primeras autoridades del Estado portugués, en la factoría de Mangualde. Llevaban 120 millones para “convertir en una unidad productiva de futuro para fabricar cuatro modelos eléctricos”. Mientras, Vigo está a la espera de concretar un proyecto valorado en 600 millones para el que Stellanis reclama ayudas públicas que no llegan. La industria española de la automoción se está quedando atrás, dice el secretario general de Anfac, “no es para estar tranquilos”, sentencia.

El día anterior, la fotografía de Soares de Pina, CEO de Altri, con el primer ministro Antonio Costa y técnicos Caima ilustraba esta información: “Portugal se adelanta a Galicia con 130 millones para una biofábrica de Altri”. La Compañía toma decisiones porque la inversión de 800 millones de Palas se fue retrasando y “en las conversaciones que De Pina mantiene con las autoridades españolas hay buena sintonía, pero todo va demasiado lento”, dicen fuentes cercanas a la negociación.

En fin, que el presidente Sánchez viaje cuando estime oportuno. Pero que no se olvide que los mandatarios extranjeros no votan, ni van a resolver el proceso de trasformación económica de España. Por eso, debería seguir el ejemplo de las autoridades portuguesas  antes de que Stellanis se convierta en un solar “cualificado” en Vigo y Palas acabe siendo un coto de caza en el centro de Galicia.

España necesita menos política de autobombo, menos soflamas contra la oposición, menos Falcon y más gobierno que esté al lado de las empresas, de las comarcas y del país. Como están haciendo los gobernantes portugueses.