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Relaciones a fuego lento

Entre evento y evento, reunión y reunión, llamada y llamada, esta semana me ha traído algunos encuentros inesperados, visitas no previstas y almuerzos pendientes. Y ahí estaba el hilo del que tirar para escribir estas líneas: las relaciones a fuego lento.

Respiro el silencio de la noche, me refugio en mi rincón de escritura y miro hacia dentro. Viajo a mis experiencias, a las relaciones que he ido tejiendo estos años y a los caminos que he recorrido para afianzarlas. Un “animal” social como yo cuenta en su equipaje vital con relaciones de muy diversa índole. Historias fugaces, vínculos circunstanciales, amistades temporales … pero, sin lugar a duda, atesoro las que se han ido cocinando a fuego lento. Como los guisos de antaño, van madurando poco a poco, desplegando sus aromas e intensifican su sabor tras el reposo.

En un mundo de prisas -sí, una vez más las prisas salpican esta columna-, recuperar los ritmos lentos, el paso a paso, puede erigirse como bandera de un estilo de vida.  A diferencia de las conexiones instantáneas, las relaciones sosegadas se van edificando ladrillo a ladrillo, permitiendo que la conexión entre las personas se fortalezca de manera orgánica. Es decir, no construir la casa por el tejado si no por unos cimientos firmes y profundos. No estoy hablando de ritmos -que también- si no, sobre todo, de dedicación, escucha, tiempo de calidad.

A medida que la relación evoluciona, se establece una confianza más sólida ya que ambas partes se conocen en diferentes situaciones y contextos. Esta confianza es esencial para superar los desafíos que inevitablemente surgen en cualquier relación. Las relaciones a fuego lento tienen una resistencia inherente, ya que se han guisado sobre una base de comprensión y respeto mutuo. Y parece que son tendencia.

Según el último informe realizado por la app de citas “adopte”, el 80% de los jóvenes se apuntan a la tendencia slow en sus citas.  Es decir, “conocerse, conectar y sentirnos a gusto y motivados antes de pasar a otros terrenos, esa es la clave de todo.” como comenta Laura Solé, Country Manager de Adopte.

Estoy convencida que, en medio de esta vorágine, los placeres efímeros han quedado en segundo plano para dar paso a las emociones que nos hacen sentir vivos.

Necesitamos recuperar las relaciones de verdad. Lo líquido va dejando paso a lo sólido, lo superficial a lo profundo, lo temporal a lo atemporal.

En ese puchero emocional algunos ingredientes no fallan. Suscribo lo comentando por el profesor de la Universidad de Cornell (EEUU), Robert Sternberg, toda una eminencia en la investigación del ‘corazón’ humano. La intimidad, la pasión y el compromiso son materias primas fundamentales para guisar relaciones que perduren. Intimidad desde el punto de vista de la cercanía, la confianza plena, en definitiva, la conexión.

La pasión, es decir la chispa, la atracción.  Por último, el compromiso, estar a pesar de las circunstancias, implicarse superando las dificultades que surjan en el camino.  Claro está que la forma de combinar esos ingredientes y lo que cada persona añade en función de su propia experiencia vital o sus expectativas generará que nunca existan dos relaciones iguales. Pura cocina de autor.

Y a ritmo de Rosana, reivindico ese amor “A fuego lento, a fuego viejo /Sigue avivando nuestra llama/con todo lo que te quiero y lo mucho que me amas.”